Espiritualidad
Jesuita

Encontrar a Dios en todo,
Escuchar con un corazón que discierne,
Optar por vivir para la mayor gloria de Dios.


Introducción

La espiritualidad es difícil de definir. Tiene que ver con el "estilo" o el "espíritu" de nuestra vida — el modo en que vivimos nuestra fé en Dios: nuestra manera de ser religiosos. Richard McBrien ha escrito en el Catolicismo:

Ser "espiritual" quiere decir saber, y vivir de acuerdo con tal conocimiento, que hay algo más en la vida de lo que podemos ver con los ojos. Más aún, ser "espiritual" quiere decir saber, y vivir de acuerdo con tal conocimiento, que Dios está presente en nosotros por la gracia como principio de transformación personal, interpersonal, social, e incluso cósmica. Estar "abiertos al Espíritu," es aceptar explícitamente quiénes somos y qué estamos llamados a ser, dirigiendo nuestras vidas en tomo a este Espíritu.

Cada una de las grandes familias religiosas de la Iglesia, como los Benedictinos, los Franciscanos, y los Dominicos, tienen una manera particular de seguir a Cristo Resucitado, y de responder al Espíritu Santo. Nuestra intención aqui es para darte a conocer la espiritualidad jesuita, y darte una idea de sus contornos, o características distintivas. Sin embargo, esta descripción escrita sólo llega hasta un cierto punto. La mejor manera de llegar a conocer la espiritualidad jesuita es incorporando algunos de sus principios y oraciones en tu vida diaria, y conversar con jesuitas, al igual que con otras personas que vivan la espiritualidad de San Ignacio. Para ayudarté a comenzar, queremos ofrecerle la siguiente descripción de la espiritualidad de San Ignacio y también algunas sugerencias por oración y refleción las cuales juntos les dará un sentido de nuestra manera de seguir a Jesús.

 

Ignatius puts his experiences into the written form of the Spiritual Exercises

San Ignacio y Los Ejercicios Espirituales

Si usted esta familiarisado con la vida de nuestro fundador, San Ignacio de Loyola, entonces has de saber lo que aconteció desde la convalescencia de San Ignacio, al ser herido durante la batalla de Pamplona, hasta los meses que pasó en oración en la cueva de Manresa al otro lado de España. Durante estos meses, Ignacio se dió cuenta de cómo Dios lo llevaba a prestar atención a las distintas voces de su interior: a los movimientos de consolación y desolación en su corazón y alma. Más aún, gradualmente fue aprendiendo a discernir las fuentes de estos deseos, pensamientos y movimientos del corazón y del alma: cuáles venían de Dios y cuáles lo apartaban de Dios — y, quizá lo que era más importante, saber sobre cuales debería actuar. Durante este tiempo, Ignacio aprendió la importancia de buscar a Dios en las experiencias ordinarias de todos los días, aprendió que Dios estaba moldeándolo y formándolo para ser compañero de Jesús. El fruto de esos meses de oración y reflexión se contiene en sus Ejercicios Espirituales. Si hay algo de genial en la Compañía de Jesús, se encierra en este pequeño tratado sobre la oración que fue escrito hace más de 450 años. El método de oración que se describe en los Ejercicios Espirituales ayuda a cada jesuita a seguir a Jesús y a buscar la voluntad de Dios en cada circunstancia, desde el día más común para enseñar, administrar o escribir, hasta la dura experiencia de caminar con la persona que atraviesa por graves sufrimientos o injusticia social.


Ignatius is confirmed at La Storta in his vocation to follow Christ
Espiritualidad Jesuita

Siguiendo el ejemplo de San Ignacio, la vida jesuita se centra en la imitación de Jesús, enfocandose en el amor, la mente, el corazón, los valores y las prioridades de Cristo. ¿Cuales son tales valores, prioridades y amores? Ignacio nos animaría a considerar lo que dijo e hizo Jesús. En la base de la vida de Jesús estaba la oración, una búsqueda constante de cómo vivir una vida auténticamente humana ante un Dios amoroso. Jesús predicó el perdón de los pecados, curó a los enfermos y poseídos, y dió esperanza a los pobres, a los marginados social y económicamente. Jesús habló de alegría, paz, justicia, y amor; llamó a hombres y mujeres de todas las clases sociales a continuar siguiendo su camino hacia Dios y su compromiso de ayudar a las personas a ser íntegras y santas.

La Compañía de Jesús intenta incorporar estos mismos valores evangélicos en todas sus obras. Los Jesuitas subrayan la necesidad de tomar tiempo para reflexionar y orar, y así darnos cuenta de cómo quiere Dios que sirvamos en todos nuestros ministerios. Este compromiso activo de buscar la dirección de Dios se llama discernimiento. Como jesuitas, la característica más importante que vemos en Jesús es una obediencia amorosa, y un deseo de corazón sincero para encontrar y practicar la forma en que Dios quiere que los hombres y las mujeres se sientan perdonados, sean libres, y utilicen todos sus talentos y oportunidades de manera que puedan construir este mundo como el lugar donde florezca la fe, la justicia, la paz, y el amor. Este tipo de espiritualidad es llamada de encarnación. Esta contempla el mundo como el lugar en el que Cristo caminó, conversó, y abrazó a la gente. Por lo tanto, el mundo es un lugar de gracia en donde se puede dar la vida a otros.

Al mismo tiempo, la espiritualidad ignaciana es realista. El mundo al que se enfrentó Cristo era también un mundo de crueldad, injusticia, y de abuso de poder y autoridad. Por consiguiente, la espiritualidad jesuita afirma nuestro potencial humano, pero también está entregada a la lucha diaria y constante entre el bien y el mal. Ninguna obra apostólica agota el bien que se puede hacer; por lo tanto, los jesuitas hacen toda clase de trabajos. La norma jesuita es: encontrar a Dios donde mejor se le pueda servir y donde el pueblo esté mejor servido.